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De regreso a casa

Susana Aliano en Tacuarembó. «De regreso a casa»

 

Por María José Fagúndez
Semanario La Otra Voz de Tacuarembó
Nº 169 | Año 4 | Tacuarembó, del 25 de noviembre al 1.º de diciembre de 2016 | Pág. 12

 

Susana Aliano nació en Tacuarembó en 1973. Hace 23 años reside en Montevideo. Es editora, correctora de estilo y escritora de literatura infantil. Ha obtenido numerosos reconocimientos, entre los que se encuentran el premio Bartolomé Hidalgo 2015 con Chiche, mi ovejero y el Premio Carlos Gardel 2015.


La pasada semana estuvo en Tacuarembó. El jueves 17 realizó una recorrida por las escuelas rurales de Zapará, Quiebra Yugos, Tierras Coloradas y Rincón de Tranqueras. Esta actividad organizada por la Dirección de Juventud de la IDT (Intendencia Departamental de Tacuarembó) permitió que la escritora tacuaremboense compartiera sus obras infantiles con los niños, dándoles la posibilidad de conocer a la autora de libros maravillosos que fueron luego obsequiados a cada escuela. La jornada resultó enriquecedora por diversos motivos. Los niños siempre tienen cosas para enseñar, son magos en el arte de sacar sonrisas y atesoran de la mejor manera todo aquello que compartimos con ellos, los libros les ofrecen un viaje imaginario, los lleva por lugares, sensaciones, emociones, que enriquecen su mundo y que jamás olvidan. Por eso es importante que estas instancias se realicen y se les de la importancia que merecen. Más aún cuando es la propia autora de estos viajes fantásticos quien les muestra un poquito más de cerca las maravillas del mundo literario.


Por otro lado, el viernes 18, el taller literario de la Profesora Ma. Stella Olivera Prietto, organizó la actividad: «Publicar un libro en Uruguay: del autor al lector (desde la perspectiva de una editora)» a cargo de Susana. Se acercaron escritores locales y jóvenes con inquietudes referidas a la publicación de sus textos.
 
¿Cuánto tiempo hace que escribís?, ¿qué distancia temporal hay entre ese momento y las primeras publicaciones?
Hace unos cuantos años que escribo. No podría precisar una fecha exacta del inicio. Recuerdo que cuando era niña, para un cumpleaños, me regalaron un diario íntimo y ahí fue donde escribí mis primeras vivencias. Si cierro los ojos, todavía puedo verlo, con su frágil cerradura dorada. Me hubiera gustado conservarlo. He tenido la escritura siempre presente en mi vida, por supuesto que con intervalos de menor o mayor duración, según las etapas que iba viviendo. Pasó bastante tiempo antes de que publicara mi primer libro, en el 2013, con 40 años.
 
¿Por qué elegís escribir literatura infantil?, ¿qué crees que aporta la misma a los niños?
Lo que me lleva hacia la literatura infantil es algo profundo, algo que vengo cultivando hace mucho, una especie de relación muy cercana que disfruto enormemente. Es un proceso en el que fui tomando decisiones, motivada por lo que iba conociendo, por lo que iba leyendo, desde diversos roles, no solo como escritora, sino como editora y, sobre todo, como lectora. La lectura constante desde niña se convirtió en mi fuente de acercamiento por excelencia a la literatura infantil, que me ha cautivado, realmente. 
Los libros a los niños les pueden aportar infinidad de cosas. La lectura desde edades tempranas implica el acceso al lenguaje, a la literatura, al arte, por medio de la palabra y de la imagen, pero además permite a los niños conocer el mundo de otros y explorar el propio, los acerca al imaginario colectivo, a la vez que les da la posibilidad de generar un sentido propio.
 
Si bien yo creo que la literatura no tiene fines en sí misma, el autor que publica sabe que su obra va a llegar a los lectores, en tu caso a pequeños lectores, y un libro en la vida de un niño es un viaje maravilloso, ¿qué temas te gusta acercarles? 
Como escritora he publicado cuentos que se basan en mis vivencias personales. Así, han surgido temas como la violencia intrafamiliar, la pérdida, la muerte, la búsqueda de la verdad, la resiliencia. Pero como editora, en general, me interesan temas que están presentes en la vida de cualquier niño y de cualquier adulto, temas de la vida real, como el amor, la amistad, la familia, las diferencias, el encuentro y el desencuentro, entre otros.
 
En tus cuentos aparece mucho Tacuarembó, tu infancia, ¿qué sentís con respecto a tu ciudad natal y a los momentos vividos por aquí?
Tacuarembó es mi ciudad natal y, en ese sentido, es un lugar muy querido. Hay algunos sitios puntuales donde puedo confirmarlo. Por ejemplo Ansina, donde viví vacaciones inolvidables. Cuando estoy allí, en sus arenales, a la orilla del río, respiro de otra manera. Sin embargo, en Tacuarembó también pasé etapas durísimas que me han marcado a fuego. Por eso, nuestra relación ha tenido sus vaivenes. Cada vez que vuelvo es una nueva vez, como si se sacudiera algo bajo mis pies y todo volviera a empezar. Eso me desestabiliza y me confunde, pero, al mismo tiempo, me da la chance de revisar, de rever, de revalorar. Es un «regreso a casa» permanente.
 
¿Qué pensás sobre Tacuarembó y las oportunidades que ofrece a sus escritores? El reconocimiento que has obtenido, ¿hubiera sido posible sin salir de aquí? 
Tacuarembó ofrece muy pocas posibilidades a los escritores y a los artistas en general. En Tacuarembó no hay cine, no hay teatro. Y esta es una gran contradicción, considerando todos los artistas que han nacido allí y son reconocidos afuera. Las oportunidades no existen porque no hay un interés particular en ellas. No hay políticas del gobierno local enfocadas en los escritores. Se destina mucho dinero a la Patria Gaucha o al Carnaval. ¿Por qué? Sencillamente por hay un interés de las autoridades en promover eso. Habría que ver qué papel está jugando la sociedad civil, si han reclamado espacios de arte, si se movilizan para obtenerlos. Tiendo a pensar que es poco lo que se mueve desde la sociedad también. Eso es muy triste, porque ¿cómo pueden cambiar las cosas si el gobierno no está interesado en el arte, pero la gente tampoco lo reclama? Por otra parte, ha habido personas que han llevado adelante algunas iniciativas, como es el caso de María Stella Olivera Prietto con su taller literario, que tiene muchos años y cuya permanencia ha dependido, básicamente, de su esfuerzo personal. Hace poco se ha realizado el concurso Tomás de Mattos, que espero que sea solo el inicio de un camino más largo y, sobre todo, duradero. En mi caso, no sé si hubiera sido posible recibir reconocimientos sin salir de Tacuarembó. Lo que sí he podido comprobar es que el mundo está lleno de oportunidades para los escritores fuera de Tacuarembó. 
 
La gira realizada por las escuelas rurales fue muy enriquecedora. Pienso que la relación que hay entre los niños y la literatura varía según el lugar en el que estos crezcan, entre tantos otros factores por supuesto, pero en las ciudades quizás es más sencillo acercar a los niños a bibliotecas, a charlas con autores, etc. ¿Qué cosas destacás de esta actividad? 
En las ciudades tal vez se accede con mayor facilidad a los libros o a los autores, pero no necesariamente los niños de las escuelas o colegios de las ciudades son más motivados a leer por los educadores. A veces eso no depende tanto del lugar geográfico, sino más bien del interés particular de los maestros. En una de las escuelas que visitamos (Zapará) los niños habían escrito cuentos para esperarme y por cierto había algunos que eran verdaderas joyitas. Esto no siempre sucede en escuelas de las ciudades. 
De la gira realizada destaco dos cosas: por un lado, la apuesta de la Intendencia al invitarme, a partir de una iniciativa del director de Juventud, Ignacio Borad, y su decisión de donar libros a las escuelas que visitamos; y por otro lado, el cariño, porque me recibieron en todas las escuelas con un afecto especial y compartimos momentos para atesorar con los niños. 
 
Otro de tus emprendimientos ha sido estar al frente de una editorial, ¿cómo llegás a esto? 
Había soñado bastante con tener mi propia editorial. Entre el 2007 y el 2010 estuve formándome en procesos editoriales y edición. Entonces, fui teniendo varias ideas, pero fue en el 2010, inspirada por mi interés en la poesía, que terminé de crear mi primer proyecto: la colección Desolvidados, que rescata a poetas uruguayos olvidados. Recibí con ella un premio del Centro Cultural de España en Montevideo, que me impulsó en aquel momento. Así nació ¡Más Pimienta!, una editorial especializada en álbumes ilustrados. Luego continué enriqueciendo el catálogo, que hoy cuenta con otros autores tacuaremboenses, como Fidel Sclavo e Ildefonso Pereda Valdés. 
 
¿Qué consejo le darías como editora a un escritor que aún no ha realizado publicaciones?
Si está interesado en publicar, en primer lugar le diría que se informe bien antes de comenzar a buscar un editor. Hay diversas posibilidades, variados modelos de edición, diferentes formatos de publicación, distintas formas de conseguir financiamiento, etc. Por otro lado, hay cuestiones que tienen que ver con los derechos y las obligaciones que los escritores deben conocer. En segundo lugar, le diría que trabaje en la presentación de su material y en la suya propia. La comunicación es vital en el proceso de búsqueda de editorial. Ante los ojos de un editor somos, antes que nada, lo que comunicamos. Por eso es importantísimo enviar una presentación que logre el efecto que el escritor desea: que su material sea leído. 
 
¿Qué te llevás de este paso por Tacuarembó?
Me traje a mi casa algunos desencantos, a decir verdad. Estuve en la presentación de un documental sobre el teatro en Tacuarembó en la que faltaba gente que creo que debería haber estado ahí. Esas ausencias también dejan en evidencia el poco interés que hay en promover el arte en la ciudad. Estuve en el Parque Rodó y en el balneario Iporá y los encontré muy sucios. Como tacuaremboense, yo siempre presumí porque teníamos una ciudad limpia, pero, lamentablemente, parece que eso está cambiando, entre otras cosas igual de preocupantes. Al mismo tiempo, me traje la enorme alegría de haber estado con los niños de las escuelas que visité, donde me sentí muy bien recibida y querida; me traje la alegría de haberme encontrado con gente valiosa que está trabajando para mejorar la situación cultural y la alegría de haber estado con la familia y los amigos.

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