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Entrevista a la ilustradora Francesca Dell'Orto

Francesca Dell’Orto nació cerca de Milán, en 1990. Estudió escenografía y vestuario en la Academia de Bellas Artes de Brera, y la Maestría en Historia y Filosofía de las Artes Escénicas en la Universidad de Milán. Ha trabajado en disfraces y textiles para la ópera, el teatro, el cine, la televisión y la moda. Se enamoró de la ilustración y abrió un nuevo capítulo en su vida que le dedica a ella, luego de formarse en la Escuela Internacional de Ilustración de Sarmede, Italia.

 

Francesca, quien ilustró el libro Leru, leru, escrito por Susana Aliano Casales y publicado por ¡Más Pimienta!, responde aquí las preguntas que le hizo la escritora Eliana Lucián, a propósito de este libro.

 

 

 

1) ¿Cómo se crea una imagen a partir de un texto escrito? ¿Qué aspectos de la historia son los determinantes al momento de crear las ilustraciones?


Siempre, cuando leo un texto, hay palabras que permanecen en mi cabeza, sensaciones que surgen en el corazón, colores que llenan mi vista, recuerdos que regresan a mi memoria. El siguiente trabajo es encontrar una forma, personajes, un entorno, luces y colores que me hagan volver a esta primera intuición.


Leer un texto, para mí, es experimentar una historia en primera persona, identificarme con los personajes: esta es la razón por la cual la primera parte intuitiva es muy importante.
Entonces, igual de importantes son las palabras del texto que guardo en el primer plano, que me permiten tener presente el tema y el concepto de la historia y marcar un camino, un sendero a seguir, para no perderme en la narrativa de la historia y hacerla clara para el lector de las imágenes. Este trabajo sobre el concepto y la palabra es muy importante y me permite comprender y desarrollar las intuiciones iniciales de una manera más consciente.


¿Qué debo decir en esta imagen? Aquí lo más importante es la diversidad, en esta otra imagen la soledad, en esta la bienvenida, en otra la familia. Cada imagen debe decir algo muy preciso y, en conjunto, contar el concepto del libro.


Pienso en las imágenes como una historia paralela para leer, como una compañera que va de la mano del texto.


Trabajar en esta historia fue muy agradable, porque el concepto, los temas, son muy claros y la escritura de Susana, muy limpia. Tener un texto como este, con palabras que son muy significativas, donde existe un bello equilibrio entre lo que se dice y lo que no se dice, deja un espacio muy acogedor para mí como ilustradora.


2) La técnica empleada comunica tanto como el dibujo. ¿Qué técnica empleas en las ilustraciones y qué buscas que esa técnica comunique en Leru, leru?


La técnica que uso es la digital. Trabajo en Photoshop. Primero dibujo los personajes y luego los diversos elementos de la ambientación. Estudio el escenario y el diseño de vestuario, y encuentro esta técnica muy adecuada para mí porque, una vez que he creado por separado los distintos elementos de los personajes y el entorno, se mueven como en un teatro hasta que encuentro un equilibrio narrativo que me resulta eficaz. En este punto los detengo, como un director hace con sus actores o un fotógrafo con sus propios modelos, y termino de pintar todos los detalles, trabajo sobre la luz y la atmósfera, las sombras de dibujo y finalizo la ilustración. 


No tengo ninguna idea clara cuando comienzo. Para mí leer una historia es como un sueño: tú te despiertas por la mañana y no puedes recordar todo, primero te llegan las sensaciones que sentiste en el sueño, luego piensas en los protagonistas, y después, lentamente, vienen a tu mente algunos lugares y objetos, hasta que reconstruyes, con dificultad y obstinación, todos los detalles. Trabajar digitalmente me permite poner todos los elementos en una hoja en blanco, comenzando desde el caos y luego reordenándolo.

 

3) ¿Qué ingrediente no puede faltar en tus ilustraciones? ¿Dónde encontramos ese ingrediente en Leru, leru?


Los ingredientes más importantes para mí en una ilustración son la caracterización de los personajes y los colores. Leru, leru en la primera página ya me dice todo y me golpea en el corazón:


Él se llama Pedro y es un varón, pero parece una niña.
Al contrario de su hermana, Valeria, que parece un varón.
Son los más raros de la escuela.


Trabajar en estos personajes fue muy delicado, porque significó trabajar sobre las diferencias de género, sobre los prejuicios y los estereotipos, sobre los conceptos de normalidad y diversidad. 
Estoy feliz porque, con respecto a Pedro y Valeria, creo que son dos hermosos niños, cada uno con su propia personalidad, y no me importa quién se vea femenino y quién masculino o qué tienen de extraño y diferente.


Les quiero contar algo personal: realmente me gusta mucho usar sombreros. Tengo uno hermoso, de los años veinte, amarillo y con un pompón. Y tengo un rojo con un arco, uno con rayas y muchos otros. Algunos me miran, algunos se ríen... pero el mundo es más hermoso en color. Creo que cada uno debe usar su sombrero, su nariz colorida, su aparato dental, sus gafas o cualquier otra cosa que quiera y le guste; que cada uno debe mostrarse con orgullo, sin prestar atención a aquellos que lo consideran extraño, excéntrico o diferente.


Y los colores, de hecho, son el otro ingrediente que uso: son el espectro visible del mundo, tan diferentes y, sin embargo, sustancialmente iguales. Todos son luz.
 

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