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Leru leru - Susana Aliano Casales y Francesca Dell'Orto

26/04/2019

 – SINOPSIS –
 

Él se llama Pedro y es un niño, pero parece una niña. Al contrario de su hermana, Valeria, que parece un niño. Son los más raros de la escuela.

 

– AUTORAS –
 

SUSANA ALIANO CASALES – Tacuarembó, Uruguay, 1973
Escribo para saber quién soy y para comprender el mundo. Escribo para descubrir quiénes son los demás, a veces, hasta habitarlos. Escribo debajo de una magnolia o de un tilo, con los pies sobre el pasto o a la orilla del río cercano a mi casa. Escribo acompañada de mi perro, rodeada de árboles y flores. ​Desde niña la naturaleza ha sido un alimento para mi existencia y en la rueda incesante que es la vida, colmada de cambios y vaivenes, esa esencia que permanece inalterada es la que me mantiene en comunión con mi entorno, me recuerda de dónde vengo y me hace feliz.


FRANCESCA DELL’ORTO – Near Milán, 1990
Nacida cerca de Milán en 1990. Francesca estudió escenografía y diseño de vestuario en la Academia de Bellas Artes de Brera (Milán). Inmediatamente comenzó a trabajar en disfraces y vestuario para ópera, teatro, televisión y moda, mientras cursaba su maestría en Historia y Filosofía de las Artes Escénicas en la Universidad de Milán. En 2015, Francesca asistió a varios cursos en la Escuela Internacional de Ilustración en Sarmede, enamorándose de la ilustración y abriendo así un nuevo capítulo creativo en su vida. Ahora trabaja como ilustradora y diseñadora textil.

 
– GUSTARÁ –
 

A niños, jóvenes, y padres, que quieran acercarse a un tema muy de actualidad desde un mensaje sencillo, claro y emotivo. La diferenciación de algunos frente al cerramiento de filas de la mayoría. La fuerza de la didáctica como bálsamo que ejemplifica el mundo en el que queremos vivir.


– NO GUSTARÁ –

 

A los que se creen que los cuentos clásicos son los únicos que tienen interés, (aunque desconozcan el mensaje hermético que esconden muchos de ellos). Tampoco será del interés de aquellos que están sentados en sus prejuicios morales inamovibles que son los mismos que discuten desde la atalaya inexpugnable de su razón.

 

– LA FRASE –

 

“Pedro, que además de callado es miedoso, simplemente se queda parado sin saber qué hacer, mientras nosotros damos vueltas a su alrededor y nos divertimos a su costa”.

 

– RESEÑA –

 

Hoy traemos para reseñar el cuento, Leru Leru. Una fotografía en movimiento de ondas producidas por una piedra en un lago en aparente calma. Pese a la efímera extensión narrativa de la presente obra su fuerza radica en la concreción de su mensaje: el derecho a ser diferente respecto a la normalidad estadística y a no ser vetado, censurado o perseguido por dicha diferenciación. Esta podría ser de credo, sexo, raza o ideal político. En el caso que nos ocupa en esta narración veremos el acoso escolar o “bullying”, algo que no es nuevo, pues desde que el mundo es mundo en la infancia cada niño mide sus fuerzas con el resto de la tropa para hacerse un lugar seguro y fortificado. En los tiempos que corren, como en muchos otros ámbitos de actuación, todo este material se ha expandido fruto de la digitalización de la sociedad de la información. En un lugar extraño de cambios constantes y súbitos que es la infancia y la juventud, unos tratan de recorrer su propio complejo camino adaptándose a los sinsabores del salir del nido, mientras que otros, para autoafirmarse o protegerse, deciden que la mejor defensa es un buen ataque. En la sociedad occidental que nos ha tocado vivir en el que, hasta hace relativamente poco tiempo no contábamos con las plenas, a priori, libertades de las que gozamos en la actualidad, entra en juego la siguiente asignatura: la educación en la libertad entre individuos libres e iguales. Todos tenemos derecho a ser diferentes mientras no quebrantemos ningún principio de convivencia o precepto legal. Las líneas de pensamiento único, los grupos de presión económicos, las empresas en su afán comercial y el escudo de la corrección política, conllevan, en ocasiones, a que el individuo sea, desde ninguneado, a perseguido, vilipendiado, acosado o señalado. El miedo a lo diferente lleva demasiado tiempo habitando en el imaginario colectivo de las personas que encuentran en el amparo de la mayoría estadística su zona de confort vital. El diferente les asusta, les incomoda, les escuece.

 

Siempre ha habido y seguirá habiendo abusones o matones en los colegios. La diferencia es que hoy en día existentes protocolos cada vez más extendidos y pormenorizados que tratan de detectar, atajar y corregir, aquellas conductas que atentan ostensiblemente contra los alumnos que son reiteradamente acosados. “Las cosas de niños” que se pueden circunscribir a ciertos aspectos de comportamiento esporádico hay que saber diferenciarlas del abuso reincidente, prolongado en el tiempo y cruel. En un mundo plural, donde la libertad personal es el eje de la democracia, existe un nutrido y heterogéneo grupo de individuos que, enarbolando esa bandera que tanta sangre, sudor y lágrimas ha costado conquistar, hacen gala de su diferencia. La visibilidad de colectivos de distintas orientaciones sexuales, ideas políticas, pasatiempos de lo más variopinto, pensamientos religiosos, formas de entender y vivir la vida, deben ser respetados. El crisol de múltiples formas de sentir y de relacionarse no deberían ser la diana de las burlas de la “mayoría reglada y ortodoxa”. Además, contamos con la terrible consecuencia de no atajar a tiempo a estos “pequeños caudillos”. Los niños se hacen mayores y, si ha enraizado en ellos el gen del odio al diferente o al que no piensa en los mismos términos, tendremos los resultados indeseables que observamos periódicamente: maltratadores, responsables corporativos zafios y malencarados, y violentos en general que solamente consiguen perpetuar el odio entre los que les rodean, e incluso, lo germinan en futuras generaciones.


Por eso, Leru Leru, no necesita una gran extensión para difundir su mensaje. Un mensaje claro y conciso: la rareza, la diferencia, debe ser una circunstancia habitual añadida a la convivencia colegial. Y esto debe ser mostrado con un sencillo mensaje a los niños que absorben la información como esponjas para que, en su vida, rijan los principios de tolerancia y respeto para con el que se sale de la “normalidad”. Debemos ser iguales en derechos y obligaciones, pero todos tenemos una manera diferente de ver el mundo que nos rodea. Visión igual de respetable, la de unos y la de otros.


El presente relato también deja un pequeño espacio al perdón y a la conciliación. Todos en alguna medida hemos efectuado burlas y nos las han hecho a nosotros. En aquella época puede que no nos diéramos cuenta del daño que pudimos hacer a nuestros compañeros de escuela. Es ahora, en una fase más equilibrada y reflexiva, cuando caemos en la cuenta de aquellos con los que fuimos inclementes.

 

Leru Leru, deja en su haber un epílogo escueto pero clarificador. La importancia de enmendar los errores pasados y conciliarse con aquellos que, por acción u omisión, fueron objeto de la inquina gratuita de algunos. Nunca es tarde para reconocer que el niño que fuimos ayer, fue, en ocasiones, un dictadorzuelo en potencia. La diferencia es que aquel que no lo reconozca ahora es muy probable que lo siga siendo.


Leru Leru, es de fácil y sencilla lectura. Las ilustraciones acompañan a sus personajes para que la semilla de su mensaje sea más asimilable y transparente. Ideal para niños y jóvenes, aunque también para adultos que reflexionan acerca de su papel en la escuela cuando fueron niños y que quieran ayudar a que las nuevas generaciones vivan en mayor armonía y respeto mutuo.

 

Fuente: https://forolibro.com/2019/04/25/leru-leru-susana-aliano-casales-y-francesca-dellorto/

 

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